domingo, 31 de enero de 2010

Mes cero, dia cero...

Yo siempre fui feita. Bueno, para ser sincera nunca fui un espanto...tenia una carita armoniosa, una cabellera muy linda -negra, larga y lacia (hasta cierta edad porque con la pubertad llegaron los rulos, el alboroto, el frizz y la incapacidad de peinarme de manera decente), la piel blanca y tersa (gracias a Dios no pase por ninguna faceta acneica que me avergüence) pero...era gordita. Y cuando digo esto quiero ser bastante específica. No era la chica mas gorda del mundo (esa rubiecita que a los 8 años pesaba 186 kg) ni tenia un "ligero" sobrepeso. Creo que mucha gente me entenderia...las piernas rollizas (a los 2 años es simpatico, a los 8 es patetico), los brazos carnosos y flojos, la panza blanca, blanda, prominente. Cualquier cosa que me pusiera me hacia parecer un cerdito, cualquier temperatura por arriba de los 25 grados me hacia transpirar la frente y la cara de manera humillante. No pude nunca poneme vestiditos lindos y quedar dulce, tierna, graciosa...bueno, graciosa puede ser, porque para mis compañeritas del 3er grado una de los mejores planes para el recreo era atormentarme con sus comentarios risueños como: "Gorda, todo lo que ves comes!", "Te comes una sandia vos sola"...y esas crueldades propias de los nenes. Uno de los juegos mas divertidos para ellas era que las corra en el recreo...me provocaban para que las persiga correteando atolondrada y sudorosa, humillada y obligada en los unicos 15 minutos que tenia para descansar de las fracciones y el análisis sintáctico. Recuerdo no tener motivos ni ganas de correr, perseguir ni atrapar a nadie, pero si recuerdo sentir que, de oponerme al jueguito macabro, corría el riesgo de perder a la 2 o 3 zanguangas que suponía "mis amigas". Asi las cosas, pasaba mis horas solitaria jugando en la casa de mi abuela a "la chica mas flaca del mundo". El juego consistia en lo siguiente: Mi abuela nos compraba a mi hermana y a mi dos potecitos de lacteos para la merienda. La elección de los mismos era absoluta y dictatorialmente tomada por mi abuela "por nuestro bien". Mi hermana era una nena palida y flacuchenta cinco años menor que yo por lo que se le destinaba para merendar un postrecito "serenito" "Shimmy" o "Sandy" según el stock disponible en el almacén de Emilia y Angel. Mi caso era el opuesto (aunque tambien era pálida yo lucia mas rozagante por la grasa de más) entonces mis chances eran "Yogurbelt" o "Sancor descremado" cuando no la "leche cultivada" cuyo recuerdo aún me provoca arcadas. Ah! el juego...Me paraba frente al espejo con el yogurbelt ácido e inmundo y dialogaba con el interlocutor imaginario acerca de que ese pote asqueroso "era mi única comida"...tambien imaginaba que salia en la TV como la "chica mas flaca" y todos me amaban. Curiosamente no recuerdo que me mirara en el espejo y me encontrara fea ni gorda. Es mas, repetidas veces examinaba mi imágen tratando de encontrar cual era el motivo de la risa...despues se hacia de noche, nos venia a buscar mi madre y al otro dia en el colegio me reencontraba con mi destino de gorda, fea y burlada.
Debe ser por eso que amo las transformaciones. Y aunque se que es ridículo es el dia de hoy que se me pone la piel de gallina cuando en esas comedias yankees superfluas y almibaradas proyectan con musica de fondo entre emocionante y boba el cambio radical de una anteojuda, desgreñada y perdedora en una diosa. Todo editado en forma corta, rápida e increible. Los demas personajes, que hasta ese dia le pegaban carteles en la espalda y le robaban los anteojos la miran anonadados e incredulos. Algunos no la reconocen, otros se babean por ella, la chica mas popular del colegio se convierte en su enemiga y el galan de la peli se enamora. Es raro. Pero no es imposible. Es tonto...pero yo tambien lo soy bastante. He pasado mis ultimos veintipico de años pendiente de mi cuerpo sin lograr cambios que me hicieran feliz. Y la verdad, que puedo perder? Asi que: amparada en mi madurez prometo sobre los santos evangelios (estoy levantando mi mano derecha) no enloquecerme ni transformarme en una anorexica loca, no perder de vista las cosas importantes de mi vida y ser absolutamente sincera.
A partir de mañana voy a pasar los siguientes meses intentando convertirme en lo mas parecido a lo que soñe de mi misma (fisicamente hablando, claro...lo otro lo hablare en alguna otra ocasión)...Buena suerte...y que Dios se apiade de mi!

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